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Los Monumentos y las Plazas
Monumento a Los Caídos en la Guerra de Las Malvinas
Cenotafio de los primeros caídos


La fuente de la Plaza Rocha
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El Juicio
de Paris
En el centro de la manzana
comprendida entre la calle Luro, Dorrego y 25 de Mayo, que hace
parte de las cuatro de la Plaza Rocha, se emplaza la hermosa fuente
con la alegoría mitológica del Juicio de Paris.
Anteriormente y originariamente
la estatuas se ubicaban en la curva de Cabo Corrientes.
Luego de muchos años, se
despertó el interés de restaurarlas y se creó una fuente
en la actual Plaza Rocha. Pero, no todos sus elementos volvieron al
mismo lugar. Según el intelectual de turno, los elementos menores como
el tritoncito tocando un corno fue a parar más tarde en la plazoleta
Luís Borges, la columna con un águila sobrestante en la orilla
interior de la vereda de Plaza España, una sirenita luego de ser
emplazada, bien no tengo el dato, fue llevada por un funcionario y
por magia desaparecida hasta el día de hoy.
El juicio y el origen de la guerra de Troya
– La boda de los padres de Aquiles.
El juicio de Paris da origen
legendario al motivo con el cual se desencadenó la guerra de Troya
narrada por Homero. Para eso tenemos que referirnos a las bodas de
Tetis y Peleo, padres del héroes más grande de la contienda. Tetis
es una diosa del mar y Pelero un re, pero común mortal. El poeta
romano Ovidio describe así el hecho:
“En efecto, el anciano Proteo había dicho a Tetis:
“diosa del mar, concibe; serás madre de un joven que en sus años de
fortaleza superará las hazañas de su padre y será llamado más
importante que él”. Así pues, para que el mundo no tuviese nada
mayor que Júpiter, aunque en su pecho había sentido unos fuegos nada
tibios, Júpiter evitó la unión con la marina Tetis y ordenó a su
nieto el Eácida que los sustituyera en sus deseos y que vaya a
unirse a la doncella marina[…] Allí se adueña de ti Peleo, cuando
yacías vencida por el sueño y, puesto que tú, pretendida con
súplicas, lo rechazas, intenta la violencia anudando tu cuello con
ambos brazos; y, si no hubieses recurrido a tus acostumbradas artes
cambiando muy a menudo tu figura, él habría salido victorioso en su
osadía; pero tú unas veces eras un ave (sin embargo, él sujetaba el
ave), otras eras un pesado árbol: Peleo se adhería al árbol; la
tercera forma fue la de una moteada tigresa: aterrorizado el Eácida
soltó aquellos brazos del cuerpo. Y éste adora a los dioses del mar
con vino vertido sobre las aguas con entrañas de ganado y con humo
de incienso, hasta que el vate de Cárpatos le dijo desde la mitad
del abismo: “Eácida, conseguirás la boda deseada; tú al punto,
cuando descanse dormida en la helada cueva, sujétala sin que se dé
cuenta con lazos y con una fuerte cadena. Y que no te engañe
adoptando cien figuras, antes bien oprime tú cualquier cosa que sea
hasta que vuelva a adquirir la forma que fue antes”. Estas cosas
había dicho Proteo y escondió su rostro en el agua y lanzó sus olas
sobre las últimas palabras. Titán estaba próximo al ocaso y ocupaba
el mar Hesperio con el carro que había descendido, cuando la hermosa
nereida, abandonando el mar, penetra en su acostumbrado lugar de
descanso. Apenas se había adueñado Peleo de los miembros virginales,
ella adopta nuevas formas, hasta que se da cuenta de que sus
miembros están sujetos y sus brazos extendidos en diferentes
direcciones; entonces por fin lanzó un gemido y dice: “Vences no sin
la voluntad de los dioses”, y se mostró como Tetis. El héroe abraza
a la que se declara vencida, y se adueña de sus deseos y la llena
del gran Aquiles.”
La manzana de la Discordia
A
las bodas de Tetis y Peleo habían sido convidados todos los dioses
menos Éride, diosa de la Discordia, la cual se puso muy molesta y
vengativa. Se presentó entonces durante el banquete y arrojó sobre
la mesa una manzana de oro que habría de ser para la más hermosa de
las presentes damas. Tres diosas Hera (Juno), Athenea (Minerva) y Afrodita
(Venus),
súbitamente y salvajemente se disputaron la manzana alborotando la
armonía de la fiesta. Tuvo que intervenir la máxima autoridad de los
dioses, Zeus, padre e todos que decidió encomendar a un joven
príncipe, Paris, hijo del rey Príamo de Troya, la azarosa
determinación de seleccionar la diosa merecedora de la manzana.
Cada diosa empleó sus artes para inclinar la decisión del joven
juez. Hera, esposa del mismo Zeus, le ofreció todo el poder que
pudiera desear; Atenea, diosa de la inteligencia y de la guerra,
ofreció inmensa sabiduría; Afrodita (Venus) el amor de la más bella
mujer de aquel tiempo. Paris decidió elegir a Afrodita la cual
facilitó el encuentro con Helena, esposa de Menelao rey de Esparta,
en su palacio. Paris enamoró a Helena y la llevó a Troya. La
enfrenta a Menelao, hizo que el hermano Agamenón más por intereses
expansionistas que de honor, reanudara un gran ejercito con la
participación de reyes de otros estados y finalmente con una gran
flota se presentó en las playas de la ciudad donde por diez años
duró la guerra con la toma de Troya por astucia de Ulises.
El
mito del Juicio de Paris, dio motivo a los artistas de retratar las
tres diosas desnudas e idealmente hermosas para cada época.
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El Mercado de
Pulgas de la Plaza Rocha
Un paseo para
curiosear en el pasado de Mar del Plata, al menos durante los últimos 80
años.
El
origen se remonta cuando "el 12 de octubre de l993 se presentó a la
Municipalidad de Gral. Pueyrredón el primer pedido para la instalación de un
"Mercado de Pulgas" en la Plaza Rocha. El pedido fue denegado, pero se volvió a
insistir y el 15 de diciembre de 1993, con el apoyo de algunos concejales, el
Honorable Concejo Deliberante de Gral. Pueyrredón aprobó el proyecto.
El expediente comenzó
su lenta y penosa marcha y casi un año después, el 8 de diciembre de l994
fue aprobado por la ordenanza Nº 1622.
Nuevas demoras para la
convocatoria, evaluación y aceptación de los postulantes, hicieron que
recién el 3 de febrero de 1996 se inaugurara finalmente el Mercado que
contaba solo con 13 puestos, luego fueron 15 y hacia fin de mes se
completaron los 30 previstos en la primitiva ordenanza.
En los comienzos se
trabajaba de noche, pero sin luz. Los permisionarios debían proveer su
propia iluminación en base a velas, o elementos de gas, kerosene o pilas.
Tampoco se disponía del depósito en el subsuelo de la plaza que recién se
pudo habilitar el 13 de abril y que también carecía de luz.
Con el nuevo horario
solicitado, de 11 a 18, que se había adoptado a partir del 15 de marzo las
cosas mejoraron un poco, pero ya, a mediados de mayo, faltaba luz al guardar
a partir de las 18. Recién el 25 de mayo se consiguió colocar el medidor que
desde entonces provee de corriente al Mercado, la que es abonada por los
permisionarios.
Desde el mes de mayo
hasta fines de julio se intentaron diversas formas de cerramiento e incluso
se hicieron algunas pruebas, siempre a cargo de los permisionarios, pero
finalmente todo quedó en la nada.
Con respecto al
reglamento, este fue modificado varias veces, así como la elección de los
delegados que en un principio eran elegidos cada dos años junto con los
ayudantes y tenían la obligación de citar a una asamblea mensual. También el
horario y los días de apertura fueron variando y la inclusión de nuevos
puestos hizo que el Mercado, originariamente instalado sobre la calle XX de
Setiembre, desde Av. Luro hasta San Martín, se fuera extendiendo por ésta
última hacia 14 de julio. En cuanto a los días y horarios de apertura y
cierre, también fueron variando. En la actualidad la mayoría de los puestos
abren los sábados, domingos y feriados desde las 10 de la mañana hasta las 6
de la tarde y algunos lo hacen también los viernes.
Con respecto a la
mercadería que se ofrece, de acuerdo al reglamente debe ser usada y tener
por lo menos 30 años de antigüedad, aunque esto es muy relativo y no se
incluyen ropa ni productos alimenticios. Es posible encontrar algunos
objetos antiguos, monedas, billetes, postales, fotografías, etc. Pero
también toda clase de adornos, herramientas, discos, libros y accesorios de
todo tipo que hacen del lugar un paseo interesante."

En los últimos años se agregaron más
permisionarios, llegando en total a un centenar. También un día por semana, a la
mañana, un pequeño grupo de aficionados a la huerta y plantas ornamentales
expone y vende sus productos.
Texto
entre comillas de Natalio Marengo.
Julio de 2009

Anécdotas sobre los feriantes del
Mercado de Pulgas de la Plaza Rocha, divertidas y de fácil lectura,
narradas por uno de los iniciadores
de la feria.
Los perros
de la
Plaza San Martín de Mar del Plata
Fundidos por Antoine Durenne en Sommovoire, obra del escultor
francés Camille Gaté.
Los perros pertenecen a la raza Gran Bleu de Gascuña.

Sobre el costado izquierdo del perro de pie se
nota, con un poquito de esfuerzo, una G, inicial del apellido
del escultor.
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El perro de la Plaza San
Martín
En el sector de la plaza
San Martín, entre la calle Luro, San Luis, Mitre y 25 de Mayo y por el lado de ésta,
se encuentra posado sobre el terreno la reproducción en mármol de un perro
de raza molosa, una raza de perros que en su estado original hoy no existe
más: las hay parecida como el moloso romano, el moloso napolitano, el dogo,
en algo el rottweiler, el mastín y algunos más.
Tenemos noticias del perro
moloso en la antigua Grecia y en Roma antigua, si bien se dice que Alejandro
Magno fue quien adoptó este perro descubierto en su conquista hacia el
oriente de Asia, como perro de guerra de ataque, pues por su tamaño y
alaridos aterrorizaban más al enemigo que las espadas o lanzas de los
mismos. Alejandro tenía el suyo de nombre Periles, caído en
combate y honrado como el mejor de los héroes. También los asiros, galos y
unos guiaban sus molosos hacía cruentas batallas. Recientemente se piensa que
fueron los fenicios que lo introdujeron en la isla británica, de ahí el
mastiff o mastín inglés. El moloso entre los bretones fue empleado como
perro de combate contra toros y fiel compañero de guerra, un verdadero y
propio soldado, ala y frente de ataque de tropas y conquistadores.
Uno de los molosos de
Carlos V de España vestía directamente una armadura. En la conquista de
Jamaica y Florida los enfrentaban a la población indígena.
En la era moderna, tropas
como las italianas, alemanas, inglesas y de otros países, los adoptaron como
mascotas, siempre con el fin de inculcar respeto o temor. Hasta tenían un
rango en los ejércitos. Hay muchas leyendas heroicas sobre ellos.
Las copias de los perros
como el de la Plaza San Martín tienen origen de dos piezas que representan a
dos ejemplares de perros molosos con fecha en las últimas décadas de siglo
III expuestos en la Galleria degli Uffizi en Florencia. También hay
copias en los Musei Vaticani.
En el 1558 Sebastiano di
Re grabó dos perros molosos aparecidos en una excavación junto al Tiber a la
izquierda de la Via Vitellia, ahora en la casa del Cardenal Ilmo y Revdmo
Vitellium donde se pueden ver y con la presunción que conocía dibujos
realizados del natural de las replicas romanas. El grabado se realizó dos
año después el descubrimiento.
En España, en el Palacio
de Ayete, en San Sebastián, construido en 1878 para los duques de Bailén por
el arquitecto francés Adolfo Ombrecht hay dos ejemplares. Desde el 1887 fue
utilizado como residencia de verano de los reyes Alfonso XIII y María
Cristina. El ayuntamiento lo compro en 1939 para ofrecérselo al General
Franco con el mismo propósito y que en efecto lo utilizó hasta el 1975.
Ahora es palacio de recepciones. En la fachada principal, a cada lado de la
escalinata están emplazados dos esculturas que representan al perro moloso,
uno espejo del otro. Aparentemente iguales, pero presentan variantes en la
postura de la cabeza y de la cola, para conseguir la simetría que requiere
su colocación en un espacio arquitectónico, única diferencia con las
italianas.
En todas estas esculturas
el perro moloso se representa en actitud de reposo, descansando sobre los
cuartos traseros, plegando las piernas. La conformación de la cabeza
presenta una dimensión equivalente a dos tercio de la anchura de los
hombros. La mandíbula es poderosa y robusta. El hocico cuadrado amplio y
profundo. La boca entreabierta muestra afilados dientes. La orejas tienen un
arranque alto y sin pliegues. Los ojos, redondos y atentos, son situados en
posición baja. Los hombros tienen una amplitud ligeramente superior a la
caja torácica, fuertes y musculosos, con escápulas anchas orientadas hacia
abajo. El cuello potente y musculoso con ligera melena a modo de collar. El
lomo fuerte y corto. El tórax profundo, bien moldeado, con costillas
visibles. La cola gruesa en la base, larga y acabada en punta. Las patas
muestran huesos redondeados y fuertes. La piel gruesa y sin pliegues, bien
ceñida al cuerpo excepto en el cuello y tórax. Las líneas prominentes de las
venas y tendones dan una impresión de fuerza.

La Fuente de la Plazoleta de las Provincia
Argentinas.
La Diana Cazadora de la Plaza Mitre.
La baigneuse de Falconet.
Esta sirenita es otra estatua que integraba el
Juicio de Paris de la fuente original.
La Diana Cazadora salió de la misma fundición
que las estatuas del Juicio de Paris.
La crátera de la Plaza San Martín. La
Baignese de Falconet.
La alimentación de los indígenas de las lagunas y sierras al noroeste de la
futura ciudad de Mar del Plata, que pacíficamente se convirtieron al
cristianismo por la acción misionera de los padres Falkner, Cardiel y Strobel,
se componía principalmente de piezas de cacería. Abundaban entonces las mulitas,
especie de armadillo autóctono de la zona. Muy fácil para asarlo y muy apreciada
su carne.
Mulita
a la parrilla, al horno o al horno de barro - Hay varios tipo
de mulitas, aquí entendemos la mulita común, la dasypus septemcinctus. Es el más
común de los armadillos, es poco cavadora por sus débiles uñas y es propio de
los montes y zona abierta con árboles. También el peludo, Chaetophractus
villosus, tiene mucha chance de terminar asado. Algo más robusto que la mulita,
cava agujeros en suelo flojo, alimentándose de insectos subterráneos y carroña.
Ingredientes - 1 mulita, 2 dientes de ajo, 1
cucharada de perejil picado, 1/2 cucharada de ají molido, 1 ramita de romero
fresco o seco, varios chorros de aceite, un chorro de vinagre, sal.
Preparación - Le toca al cazador
generalmente encargarse de desviscerar y limpiar la mulita y despejar los
costados adheridos al caparazón, de este modo puesta en una fuente, con todos
los condimentos mencionados se deja macerar una noche entera al fresco o en
heladera. Se cocina a la parrilla o a horno moderado con la parte del caparazón
abajo y dos palitos de madera cruzando a lo largo y ancho el mismo para que la
cocción no lo arrugue. Una vez asada se deja descansar unos diez minutos,
pudiendo comer la carne sea caliente, o fría como fiambre, con una salsita tipo
provenzal.


El Caparazón de la mulita es empleado como caja de resonancia del
instrumento de cuerda llamado 'Charango'.
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